Más allá de los atletas: lo que implica ser sede de los Juegos Olímpicos, desde la organización hasta la imagen internacional
Organizar los Juegos Olímpicos no es simplemente una cuestión de construir estadios y dar la bienvenida a atletas de todo el mundo. Es un proceso gigantesco que requiere años de planificación estratégica, inversiones multimillonarias, diplomacia internacional y, sobre todo, una profunda transformación urbana, económica y cultural. A continuación, exploramos los componentes clave que hacen posible este evento global.
La candidatura: el primer paso en la carrera
Antes de cualquier construcción o inauguración, todo comienza con la postulación. La candidatura olímpica es un proceso competitivo que dura entre 7 y 10 años antes del evento. Las ciudades interesadas deben presentar propuestas al Comité Olímpico Internacional (COI), que incluyen planes detallados sobre infraestructura, transporte, alojamiento, coordinación y seguridad.
Este proceso es mucho más que un simple dossier. Requiere negociaciones diplomáticas, lobby internacional, consultorías especializadas y un relato convincente. El país debe demostrar que tiene no solo la capacidad logística, sino también la visión de transformar los Juegos en algo que recuerde la sociedad.
Infraestructura: más que estadios y villas olímpicas
Uno de los aspectos más visibles y costosos de organizar los Juegos Olímpicos es la construcción de infraestructuras. Sin embargo, no se trata solo de levantar estadios y gimnasios; el país anfitrión necesita desarrollar todo un ecosistema urbano:
- Red de transporte público: Se modernizan y amplían líneas de metro, autobuses y trenes. En ciudades como Londres 2012 o Tokio 2020, esto supuso una revolución en la movilidad urbana.
- Alojamiento: Se construyen nuevas residencias, no solo para atletas (villas olímpicas), sino también para turistas, periodistas y personal técnico.
- Telecomunicaciones y tecnología: La infraestructura digital debe estar preparada para soportar una transmisión global, sistemas de cronometraje de precisión y plataformas de seguridad en tiempo real.
- Sostenibilidad: Cada vez más, el COI exige que los Juegos se realicen con una huella ecológica mínima. Esto implica el uso de materiales reciclables, energía renovable y transporte no contaminante.
- Seguridad: Esto implica la colaboración de múltiples organismos de inteligencia y cuerpos policiales, tanto locales como internacionales. Se implementan tecnologías de vigilancia, protocolos anti-terrorismo y medidas preventivas para desastres naturales o sanitarios (como fue el caso del COVID-19 en Tokio 2020).
Economía y financiamiento: la gran inversión (y sus riesgos)
Organizar los Juegos Olímpicos puede costar entre 5.000 y 50.000 millones de dólares, dependiendo del nivel de desarrollo previo de la ciudad y del tipo de transformación que se pretende. Este dinero no siempre viene del gobierno central; frecuentemente hay alianzas público-privadas, inversión extranjera, patrocinios y aportes del COI.
Pero también conlleva riesgos: muchas ciudades han terminado endeudadas o con infraestructura subutilizada tras el evento, como por ejemplo los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Por eso, actualmente se promueve el uso de sedes ya existentes o reutilizables, como sucedió en París 2024.
Los Juegos Olímpicos son también un gigantesco escaparate mediático. Para muchos países, es una oportunidad de proyectar una nueva imagen ante el mundo: más moderna, inclusiva, innovadora o sostenible. Es una herramienta de «soft power» que puede tener impacto en el turismo, la inversión extranjera, la cultura y la diplomacia.
- Ceremonias de apertura y clausura: No solo celebran el deporte, sino que cuentan una historia sobre la identidad del país.
- Cobertura mediática: Más de 4.000 millones de personas ven los Juegos por televisión o plataformas digitales. Cada detalle, desde la música hasta el diseño gráfico, comunica algo sobre la nación anfitriona.
- Embajadores culturales: Artistas, chefs, músicos y diseñadores locales son integrados a la narrativa olímpica para promover su talento al mundo.
Coordinación de los Juegos Olímpicos: un rompecabezas de escala nacional
Organizar unos Juegos Olímpicos requiere la sincronización de múltiples entidades: gobierno nacional, alcaldías, ministerios, empresas privadas, fuerzas de seguridad, universidades y más. Se crea un comité organizador específico (como LOCOG en Londres o BOCOG en Pekín) que sirve como cerebro central del evento. Este equipo debe gestionar:
- Calendarios de obras e hitos clave.
- Contrataciones y licitaciones internacionales.
- Relaciones con el COI y las federaciones deportivas.
- Voluntariado: se reclutan decenas de miles de personas para colaborar en tareas logísticas, de traducción o información.
Impacto social y legado urbano
Más allá del espectáculo de dos semanas, los Juegos Olímpicos dejan huella. La gran pregunta es si ese legado es positivo o negativo. Ciudades como Barcelona 1992 lograron una renovación urbana ejemplar que potenció su imagen como destino turístico global. En cambio, otras como Río 2016 han sido criticadas por no mantener sus instalaciones y no mejorar la calidad de vida de sus habitantes. El legado puede incluir:
- Nuevas zonas verdes o áreas de recreación.
- Mejora de barrios marginales cercanos a las sedes.
- Aumento del uso del transporte público.
- Fomento del deporte en la juventud.
Entrenando al país: un proceso de transformación cultural
Lo más interesante es que, mientras se entrena la ciudad sede, también se entrena la sociedad. Los Juegos fomentan un sentido de orgullo nacional, de participación ciudadana y de apertura cultural. Se enseñan nuevos idiomas, se promueven valores olímpicos (excelencia, amistad, respeto), y se impulsa el voluntariado como forma de compromiso social.
Muchos países ven esta etapa como un momento de introspección y mejora: considerar su rol en el mundo, actualizar su infraestructura, reforzar su identidad nacional…
Convertirse en sede olímpica es un gran proyecto. No basta con tener buenos deportistas; se necesita visión estratégica, capacidad de ejecución, coordinación institucional y compromiso ciudadano. Es, en muchos sentidos, un desafío tan exigente como los que enfrentan los atletas en la competición.
Por lo tanto, ser anfitrión olímpico implica mostrar al mundo lo mejor que una nación puede ser: organizada, resiliente, inclusiva y abierta.